A menudo, en mi consulta, los pacientes me manifiestan que, a pesar de no tener ningún problema grave en sus vidas, no son felices.
Algunas de estas personas suelen centrarse más en “adivinar” el futuro de una forma negativa para sus intereses personales y montarse “películas” negativas sobre cómo acontecerán las cosas en su vida.
En otro grupo, encontraríamos a los que viven echando la mirada atrás: añorando el pasado que nunca volverá o rememorando lo dura que fue tal o cual situación que les tocó vivir.
Como supondrás, estos dos grupos de personas viven ansiosos, se sienten infelices, tristes, temerosos o melancólicos.
En mi consulta, suelo dar a estas personas dos pautas muy sencillas:

Con las personas que se centran en el pasado, utilizo una metáfora que inventé hace algún tiempo: la de las naranjas de zumo. Consiste en percibir los momentos “feos” del pasado como aprendizaje y así sacar lo positivo de ello. Visualizarnos “exprimiendo” esos acontecimientos, tirando posteriormente la cáscara de la naranja, y quedándonos con el jugo (el aprendizaje). Al tirar la cáscara, nos desprendemos de las sensaciones y los recuerdos desagradables, para quedarnos con lo que aprendimos de ello.
A las personas del segundo grupo, a los que viven “prediciendo el futuro”, les explico el desgaste emocional que supone estar anticipándose constantemente a lo malo que va a pasarles en cada ámbito de su vida (cosas que muy a menudo no les ocurren finalmente): que le echen del trabajo, que su pareja le engañe, que le va a ir mal en el examen…

Por mi experiencia diaria en consulta, puedo afirmar que estas personas sufren muchísimo. Personas, que reconocen “tener todo para ser feliz”, pero… que no lo son.
Por todo, os animo a centraros en el presente. Ya sé que es lo típico que se dice hoy día: ¡Vive el presente!, ¡no te preocupes!… es fácil decirlo, ¿verdad? pero no tanto llevarlo a la práctica.
Siempre explico que hay personas que vienen “de fábrica” con esta filosofía positiva y optimista, pero hay otras, a las que les cuesta. Estas personas deben llevar a cabo un entrenamiento cognitivo en la racionalización. Ésto es lo que trabajamos en la terapia: la persona aprende a identificar sus pensamientos negativos, captar el error que está cometiendo al pensar de esa manera y razonar esa idea, de forma que no la siga alimentando, y por lo tanto creyendo cada vez más el pensamiento irracional.
Otra idea que me gusta lanzar a mis pacientes es la del “¡qué bien que…!”. Se trata de decirnos esta frase cuando estemos disfrutando de aquello que nos guste, del tener la posibilidad de llevarlo a cabo: qué bien que puedo estar hoy en esta terraza al sol, qué bien que puedo disfrutar de esta cena…
Parece tonto o nimio, pero no os imagináis cómo puede afectar en positivo a nuestra felicidad empezar a centrarnos en lo positivo y dejar de “enfocar con una lupa” lo negativo.
Puedo decir, que por mi profesión, tengo el privilegio de ver cada día con los progresos, a nivel emocional, que consiguen las personas a las que trato.
Se me viene a la cabeza una frase que escucho mucho: “yo soy así, no puedo cambiar”. Gran error pensar así. Se puede cambiar nuestra filosofía de vida, comenzar a ser más racional, a vivir el presente, a saborear los momentos. En suma, los profesionales podemos trabajar contigo para que aprendas a ser más feliz.

Esmeralda Vázquez Conchas. Psicóloga de San Fernando. tlf: 856 58 09 78