Tras años de estudio y de trato con las personas que acuden a mi consulta, me atrevo a deciros, que si logramos cambiar nuestro pensamiento, mejoraremos nuestra vida. Así de rotundo y sencillo y, os explico por qué:

A diario, escucho personas que se definen como débiles o inestables emocionalmente ante las adversidades de la vida. A todas estas personas les explico la base de la Terapia Cognitiva, en la que creo firmemente: efectivamente, nuestras emociones y sentimientos no dependen de lo que nos pase, si no, de lo que nosotr@s pensamos sobre los que nos pasa. Así pues, en casos como “¡mi jefe me saca de quicio cuando me da órdenes!”, lo que me “saca de quicio” es lo que pienso cuando mi jefe me da órdenes, y me digo: “¡¿qué se ha creído que soy una mula de carga?!”.

¿Significa ésto que si me pasa algo negativo como perder mi trabajo o divorciarme no puedo o debo estar triste? Por supuesto que sí, nos afectará. Pero, ¿verdad que distintas personas ante una misma situación negativa reaccionan de maneras diferentes? ésto se debe a que piensan de otra forma. El que pensemos de manera diferente, depende de muchos factores como la educación recibida, la personalidad o las experiencias aprendidas en la vida.

Entonces, ya que no puedo cambiar lo que me pase, sería importante invertir esfuerzo en entrenar mi pensamiento. A mis pacientes les explico que, de igual manera que vamos al gimnasio a entrenar y cuidar nuestro cuerpo, debemos ocuparnos de entrenar nuestra mente, ¡y no en pensamientos positivos! Si no en pensamientos realistas.

positivo

Podemos empezar por estar alerta a los errores más frecuentes que cometemos al pensar:

– Magnificar: ésto es lo que solemos hacer cuando decimos “me tomo las cosas demasiado a pecho”. Cuidado con los pensamientos del tipo: “es indignante”, “no puedo aguantar esto”, pues sólo aumentarán el problema en nuestra cabeza y nos crearán emociones que me dificultarán el poder resolver la situación.

– Anticipar: adelantarnos a los acontecimientos tanto negativa como positivamente, ya que estaremos creando unas expectativas que, si son negativas, nos harán sufrir, pero si son excesivamente positivas, puede que no sean realistas y que nos lleve posteriormente a frustrarnos.

– Filtrar lo negativo: os explicaré este error con un ejemplo. Cuando atendía a pacientes enfermos de cáncer, un hombre me dijo una vez: “mi mujer hoy no me ha acompañado al médico porque ayer tuvimos una pelea y estaba enfadada, así que no ha venido conmigo”. Le dibujé un círculo en un folio, y le pedí que pusiera una cruz (+) dentro de él, por cada vez que su mujer lo había acompañado al médico, y una raya (-) cada vez que no lo hubiera hecho. El resultado fue muchísimas cruces y una raya dentro del círculo. Este hombre estaba alimentando en su pensamiento la única vez que su mujer no le había acompañado, pero se estaba olvidando de todas las veces que sí había estado a su lado, y ésto le hacía sentir enfadado, triste y abandonado.

Ahora me gustaría que reflexionaras, ¿caes tú en estos errores? Si es así, te animo a comenzar tu entrenamiento en pensamientos realistas y si no puedes, los profesionales de la psicología siempre estaremos encantados de ayudarte.

Por Esmeralda Vázquez Conchas
Psicóloga Col. Nº AN- 05465